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Aumentar la pensión al hacer la compra
   

Aumentar la pensión al hacer la compra

 

 

 

La mitad de los españoles no pueden ahorrar. Y no hablo solo de las capas más desfavorecidas de la sociedad que sobreviven gracias a los servicios sociales, y para las cuales el hecho de no ahorrar es el menor de sus problemas. Me refiero a familias con vivienda y salario que no pueden ahorrar en su día a día.

Hay millones de ciudadanos que ante un gasto excepcional como es un coche, un frigorífico, o un pago imprevisto, se endeudan hasta las cejas, a veces en condiciones de usura.

Millones de personas tienen como única esperanza la futura pensión pública porque no pueden aspirar a un plan de pensiones. Por ello hay muchas familias que cuando se deciden a comprar su vivienda habitual lo hacen para tener un techo propio y también como un seguro para la vejez.

El sector profesional del ahorro en España se dirige exclusivamente a la mitad de la población “favorecida” que puede ahorrar: personas con renta positiva que pueden aportar a un plan de pensiones, que se benefician de un plan de pensiones de empleo proporcionado por su empresa o que tienen una segunda vivienda.

Ni los bancos ni las aseguradoras se interesan por la otra mitad de los españoles: esa mitad de la población que está bancarizada pero no puede ahorrar y vive al día, está fuera de las expectativas de estas entidades; y esto es un gran problema social para el país, porque millones de personas en riesgo de pobreza han sido excluidas del sistema. A estos millones de españoles el postureo de los políticos en el Pacto de Toledo le resulta tan irritante como superfluo.

Porque hablar de ahorro es hablar de pensiones y en materia de pensiones lo más grave está por venir: es un tsunami previsto que pasa por el aumento del número de pensionistas y de la esperanza de vida, por el descenso de los cotizantes y de sus cotizaciones, por el agotamiento de los fondos de reserva y de la caja de pensiones… y todo esto en el contexto de una Deuda Pública fuera de control.

De este entorno nada halagüeño para el Ahorro, los sectores bancario y asegurador tradicional van a salir muy mal parados ya que sus propuestas de valor son limitadas y anticuadas y sus estrategias, timoratas, se resignan a conseguir mayor volumen de negocio con los clientes existentes… Las desorientadas entidades financieras, tras haber sufrido un proceso de recorte, concentración, cierre de oficinas, reducciones de plantilla a base de jubilaciones anticipadas… pusieron sus ojos en el emergente y pujante sector Fintech, y ahora están de moda las aceleradoras de startups tecnológicas que trabajan en la órbita de bancos y aseguradoras, orientadas a temáticas bastante desconocidas para el común de los mortales: crowdfunding, crowdlending, bitcoins, blockchain…

Pero toda esta innovación tecnológica, esta revolución, que es un elemento fundamental para la supervivencia y mantenimiento de cualquier empresa moderna, no es una prioridad para el sector financiero que, gracias a sus grandes recursos económicos, cree que puede permitirse ignorar un cambio irreversible.

El sector financiero flirtea entre colaborar o fagocitar una startup fintech y, llegado el caso, se plantea incorporar esa tecnología nueva a un modelo de negocio ya superado. Pero eso no resuelve nada. Sí que resulta mucho más crítica la reflexión y toma de decisiones estratégicas sobre nuevos modelos de negocio porque implica un giro de timón con un componente de riesgo que nadie quiere asumir: nadie va renunciar a una línea de ingresos por muy deteriorada que esté y por mala prensa que tenga (planes de pensiones, por ejemplo), a cambio de otros modelos disruptivos y que implican un riesgo o una amenaza para el status establecido. ¿Cuánto podrán aguantar poniendo parches antes de que las tecnológicas globales acaben con ellas como ya ocurre en otros sectores? ¿Cuál será la primera entidad en adelantarse y entrar en el futuro ofreciendo opciones a la totalidad de la población?

El ahorro es la renta que queda tras consumir, y el consumo ha cambiado sustancialmente y va a cambiar más. Porque gracias a la tecnología personal (todo el mundo tiene un móvil) el consumo no tiene porqué implicar un descenso de la renta, y ahí están todos los modelos de consumo colaborativo que triunfan en el mercado. Además, –y aquí viene la disrupción–, a cada transacción de pago se puede asociar otra de ahorro. Porque el blockchain nos puede permitir pagar productos y servicios a través del móvil sin tener el respaldo de una cuenta bancaria. Porque, gracias a IoT se pueden medir no sólo los pagos o compras, sino también los comportamientos: por ejemplo, una acción socialmente responsable puede sumar dinero para la pensión.

En este contexto de medición e incentivo de acciones nacen empresas con una propuesta de valor social que hasta ahora solo tenían cabida en el plano teórico: empresas que dan la opción de trasladar a un producto de ahorro a largo plazo cantidades centesimales cada día, todos los días de la vida, por comprar, por reciclar, por tener todos los puntos del carnet… o por correr. En esta línea, la I Carrera del Ahorro Fintech ingresa al corredor en una póliza garantizada medio euro por kilómetro recorrido: y también en los entrenamientos diarios de los meses siguientes. El límite para aumentar la pensión por consumo o por acciones sociales es la imaginación. El futuro ya está aquí.

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