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Bajo el shock de París

París ha traído el debate sobre la guerra, sobre la “culpa” de Occidente en la emergencia de ISIS y el terror islamista y sobre el eterno conflicto entre seguridad y libertad. Con 130 muertos. En España se ha reabierto el asunto del 11-M, atentados de los trenes, y se compara la respuesta de Francia con lo que ocurrió aquí: el abandono del monumento a las víctimas en Atocha sirve de ejemplo de la desidia y la desunión ante aquel atentado.

 

Bruselas está en estado de armas, colegios, universidades y transportes permanecen cerrados porque las autoridades buscan a los terroristas que se disponen a atentar. Manuel Valls , primer ministro francés, ha dicho que puede haber ataques con armas químicas o biológicas. La semana pasada se suspendieron partidos de fútbol internacionales. El Madrid Barça del sábado se celebró -sin incidentes- bajo medidas de seguridad inéditas. Europa en estado de alerta máxima. La guerra es un hecho.

 

Es una guerra de guerrillas, de terror. En los frentes se Siria e Irak las potencias todavía no se han puesto de acuerdo en el objetivo: hay división de intereses. Francia pide ayuda para ir a esa guerra y Rajoy trata de ganar tiempo.

 

El partido Madrid-Barça se jugó bajo el signo global del terror y bajo los logotipos omnipresentes de Qatar Airways y Fly Emirates. Las monarquías dictatoriales y totalitarias del Golfo forman parte de este conglomerado inextricable del horror y la normalidad, invierten al mismo tiempo en los equipos y empresas (el 10% de El Corte Inglés) que en mezquitas, en propaganda y en conflictos armados. ¿Se puede ser del Madrid o del Barça sin formar parte, de alguna manera, de esas petromonarquías? ¿Es lo mismo Fly Emirates que Unicef?

 

La conmoción y las repercusiones globales de los atentados contra París han restado espacio al conflicto catalán, que sigue progresando. Mas anuncia que va a mutar CDC y la CUP, muy presionada para apoyar su investidura, contraataca sugiriendo que se sucedan tres presidentes de seis meses cada uno. Todo es innovar.

 

Difícil hacerse una idea cabal del mundo convulso que nos zarandea. El shock ocluye también el gran asunto que va para una década y que no acaba de solucionarse: crisis, deuda, escasez, recortes por abajo y oligopolios cada día más fuertes: las puertas giratorias van a toda velocidad como en una película de cine mudo: ya no se sabe quién entra y quién sale.

 

Entre tanto barullo los 40 años de la muerte de Franco casi pasan inadvertidos: en este artículo Mariano Sánchez Soler da algunos nombres que jalonan la continuidad de negocios y política de un régimen a otro:

 
La gran puerta giratoria de la dictadura
 

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Occidente siempre tiene la culpa, por Daniel Gascón

Lo de antes sí eran políticos porque lo de antes sí eran ciudadanos Por

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