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El Procés catalán, marketing de eternidad

Cataluña ha inventado el Procés con la idea de independizarse de España. Es un movimiento popular sobre el que se han acaballado los políticos recortadores. A ellos les sirve para seguir en el poder: se han montado encima y cabalgan el tigre de la independencia.

 

España es un Estado noqueado, como todos; un ente en descomposición, sin más ideas ni más horizonte que perpetuar la élite extractiva. En un entorno de capitalismo de rapiña que ya muestra sus tripas: las elecciones no sirven para cambiar la hoja de ruta (Grecia); Volkswagen truca sus coches alegremente y la miseria aumenta por todas partes.

 

En este ambientazo de caos mundial el Procés da a la gente el subidón del espectáculo y el existir: permite protagonizar el máximo entretenimiento, hacer la historia en directo, recrear un poder que ya no sirve para nada. El Proceso, como su nombre indica, es indefinido. Pase lo que pase el domingo, la aventura continuará, con nuevas convocatorias y plazos, con ambigüedad y contradicciones, indefinidamente.

 

Como la moda de recrear acontecimientos históricos o legendarios: vastas representaciones populares, las Bodas de Isabel en Teruel, las batallas diversas con gran despliegue de uniformes y disfraces de época. El Procés reproduce en vivo la creación de un Estado, algo que no llegó a ocurrir, y por eso mismo es más emocionante, más abierto.

 

Es el marketing perpetuo, la agitación y la narración que nunca cesa. Para los que lo impulsan y para los que se oponen es también un negocio de contenidos y expectativas, un negocio abierto que vende camisetas y vende futuros.

 

Es un temazo permanente que va a más. Su mejor baza es la ambigüedad, la indefinición, los márgenes entre las leyes y las multitudes, el futuro siempre a medio hacer.

 

Se alimenta del aburrimiento y la impotencia. Aspira a algo que ya no sirve: ser un Estado es mera gestión de deudas y recortes.

 

A España le viene bien el Procés porque reaviva ese zombie nacional, ese estado en declive que reforma su Constitución en una tarde por exigencias de los acreedores. España existe más gracias a que una región se quiera separar de ella.

 

El mejor resultado de las elecciones será el que permita seguir con el Procés en marcha, nuevas convocatorias, nuevas fechas, calendario de actividad y agitación. Si saliera el Estado Catalán, aparte de problemas legales, sería caer en esa brasa administrativa de recuento de lo que se debe, un fin de ciclo. Lo ideal es seguir con el marketing indefinidamente, vendiendo camisetas, inventando ilusiones, recreando efemérides históricas que no ocurrieron jamás.

 

Todo será barrido por el tratado Europa Estados Unidos. Juegos florales locales para distraer a la gente y seguir en el poder.

 

Ahora que el Estado ya no sirve para nada, podéis haceros con uno.

 

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